lunes, 8 de junio de 2009
La princesa de ojos oscuros (Historia que escribí en mi niñez)
Érase una vez, una niña de ojos oscuros que vivía en lo alto de la montaña, en una casa cubierta por la nieve fría y blanquecina que se quedaba amontonada en las profundas e inacabables laderas. Ella era muy humilde y no podía tener todo lo que tenían los demás, estudiaba aquellos viejos libros por la noche y le contaba todas sus peripecias a su anciana madre. Siempre de semblante triste, no era feliz porque nadie le contaba de su familia, era todo un gran halo misterio. No dejaba de preguntar a su madre por aquel padre que nunca tuvo, ella se ponía seria y lo único que decía era que no fuera impertinente. La niña un día cansada de aquel silencio que ahondaba a su madre, decidió investigar por sus propios medios. El problema que tenía era que su madre era muy humilde y no tenía dinero para poder bajar al pueblo y preguntar por su padre, así que por su propios medios tras un duro trabajo hizo una especie de trineo con ruedas para poder llegar. Lo que encontró fueron miradas que daban a entender que sabían algo del paradero de su padre, tras descansar en un banquito al lado de las pastelería, se dirigió a una señora que le parecía familiar, y le preguntó si sabía quién era su padre. Ella le respondió que sabía más de lo que creía; y a la hermosa niña se le iluminaron los ojos de tal manera que podía iluminar la calle gris en la que se encontraba. La señora dijo que su parde era Alejandro Ruiz de León, el rey. Él era un rey lleno de amargura y dolor porque su mujer solo tenía hijos varones y él solo quería tener una hija, una princesa, esa hija que el tuviera con una campesina la cual no reconocía...
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