Mutis del lenguaje
verbal, palabras enmudecen su boca, se retraen ante un sinfín de ademanes que le conmueven
de tal modo que le impiden articular ningún tipo sonido. El parpadeo es
unidireccional, ya fijo ante el albino tono de sus dos hermosas mejillas. En ese espacio temporal se produce,
inmediatamente, una respuesta motora inconsciente… Una sutil elevación de las
comisuras de sus labios muestra una sonrisa radiante que desprende lozanía. El
tacto es algo que no se hace de rogar, de hecho, es la siguiente reacción
lógica ante el estímulo. Sus manos están como la nieve, no cellisquea en esta
estación, ahora ya están más calientes… Se deslizan por las yemas delicadas de
sus dedos hasta entrecruzarse completamente. La fusión de sus almas cada vez les resulta más inexorable por el
vínculo establecido entre ellas. Ipso facto, emite un suspiro tan hondo que
hace que el estremecimiento sea preponderante. Posteriormente, él toma su mano derecha y posa sus labios prietos que culminan en un afectuoso beso que pese a su efusividad apenas fue demasiado sonoro. El golpeteo que comenzó a brotar de su pecho, hizo que el ritmo se le descontrolara, la adrenalina pareciera haber tomado las riendas de aquella situación tan insólita que allí se produjo. Las incipientes miradas eran cada vez más frecuentes y sus ojos terminaron clavándose en los suyos. Ambos permanecían envueltos debido a la magia que estaban viviendo al seguir profesándose tanto afecto. Las caricias pasaron a un segundo plano y los besos eran los protagonistas de esa escena de amor. El calor de sus cuerpos aumentaba de tal modo que la respiración se agitaba y la exaltación era mayúscula. Finalmente, sus ojos se humedecían,las lagrimas inundaban sus rostros de la felicidad inconmensurable de aquel intante donde sus almas se encontraron, se fundieron y se volvieron apasionadas en un inolvidable acto de amor.
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