viernes, 16 de diciembre de 2011

LA FRATERNIDAD OTORGA LA UNIÓN

Nunca había esperado tal cosa de la vida ni que con mi mala fortuna, llegada la hora del conocimiento de personas, fuese tan satisfactorio descubrirte a tí en cierto momento. Me has mostrado que existen seres con suma sinceridad, máxima verdad, suprema bondad... Como un inmenso suspiro de paz y concordia, pues amiga, eres aire formado por moléculas capaces de colmar de felicidad, bienestar... A todo aquel que, bajo tu juicio, es merecedor de tu simpatía. A la orilla de este mar, he podido asomarme, comprobar la temperatura del agua para refrescarme si las circunstancias así lo requerían. Siempre permaneciste en este lugar, extenso e inagotabl. Visualmente, de aguas tan claras que hasta osaría reflejarme en ellas. Tu dinamismo y destreza, son el suave y tenue balanceo de las olas que la marea aguarda. Tu reposo y quietud, la consistencia uniforme de albas arenas que me aportan el calor necesario. Dechado de virtudes que favorece cualquier relación terrenal que se precie. Escasez humana de valores infinitos y espejo donde los más desgraciados, en el fondo de su alma, deberían contemplarse. Dadivosa mujer que todo cedes sin pedir nada a cambio. Constancia, tesón y esfuerzo por alcanzar tus metas vitales. He aquí alguien que será siempre tu aire, tu mar y tu tierra para siempre. Esa bocanada de aire cuando tú la precises para que las dos podamos sumergirnos en las profundidades y no sólamente quedarnos contemplativas a la orilla de algo que es tan increiblemente mágico, bonito y hasta esencial como lo nuestro, nuestra hermandad :=).

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